sábado, mayo 23, 2009

4. Flashback N° 24.521

Capítulo 4 de 40... ya estoy terminando...

------

Es lunes. Me despierto en un grito. Corro hacia el baño. Mientras cepillo mi cabello miro sus puntas florecidas y siento que me duelen las tetas. Agarro un paquete de Day’s y lo meto en mi carterita negra de Ona Saez. Escucho a mamá que se levanta para despertarme.

- Disculpa hija, me quedé dormida. – refriega sus ojos mientras abre la puerta del baño, sin preguntar antes si podía hacerlo.
- Bueno. – atino a decirle mientras empujo con mi hombro la puerta que ella esfuerza por seguir abriendo.
Antes de salir del baño agarro una tira de Cafiaspirina y tomo dos.

Estoy parada en la esquina de Rivadavia y Acoyte esperando el 42 porque mi papá no tiene ganas de alcanzarme hasta la facultad. Llevo un pantalón nuevo que compré la semana pasada y una campera con corderito preciosa que trajo mi tía de España. Escucho en el iPod un compilado armado por mi hermano, Soft Cell canta Tainted Love. Amo la música ochentosa. Arriba del colectivo no hay mucha gente, y no reconozco a nadie que curse conmigo. Me siento y me pongo mis Orbital blancos, porque en el reflejo de la ventana veo que tengo ojeras.

La mañana de facultad pasa casi sin que me dé cuenta, antes de entrar compré una Coca Cola Light y tomé cuatro cafias más. Ahora estoy sentada por ahí, en las afueras de Ciudad Universitaria. Un chico muy feo que está enamorado de mí me habla. Lo conozco desde hace tres meses pero no sé su nombre. Mientras intenta llamar mi atención me pongo los auriculares de nuevo y ahora es Genesis con Phil Collins quien me llena la cabeza de ideas perturbadoras.

Espero al coche de mi papá, que llega a los diez minutos y me saco de encima al pobre chico sin vida, actitud, ni belleza. Sin nada que ofrecerme.

Voy sentada en el asiento del acompañante y me pongo el cinturón de seguridad. Viajar seguro. Pienso en Andino vendiendo un seguro en una publicidad televisiva. Sexo seguro, pero baja autoestima.

La gente da por seguras muchas cosas.

Atrás está mi hermano y uno de sus amigos horribles que me mira por el espejo retrovisor. Estoy muy segura de que se masturba pensando en mí y que me espía cuando me cambio. Pero aún no tengo pruebas. Sus ojos me alteran.

Vuelvo a ponerme los lentes negros. Antes de dejarlos en su colegio mi papá para a cargar gas y cuando me pongo de pie siento que todo me baja de golpe, así que voy rápido al baño y tomo un Actrón, y termino con la Coca Cola Light y las Cafiaspirinas que quedaban.

Salgo y mi celular nuevo, un Nokia N95, suena.

- Hola Diana.
- Pato.

Mi papá arranca y dice algo como que “le salimos caras”. Mucho más que si en vez de GNC, cargara nafta.

- ¿Dónde estás? – pregunta.
- Por el centro, en el coche de mi papá.

Escucho ruido de facultad privada. Voces jóvenes y ruidos de clinck caja.

- ¿Estás en la UADE? – le pregunto, para charlar de algo.
- Sí, estamos acá con Sofía y Mariano que estudia diseño de indumentaria. – Seguramente Mariano es gay y está obsesionado con Pato en secreto. – Nos vemos más tarde, ¿No?

Mi otro oído sigue con el auricular puesto. Ahora son Iggy Pop y Katie Pierson quienes me tararean el estribillo de Candy.

- No. Tengo un par de cosas que hacer.
- Pero… - y mientras habla pasamos por Libertad, frente a una plaza y veo a un chico muy lindo, es un turista, sacando fotos con una cámara digital Sony Cybershot T10 negra a una sinagoga. Un oficial de policía se le acerca y supongo que le pide sus documentos y el chico tan rubio se pone nervioso y quiero bajar, ayudarlo e irme con él a su país, pero el coche acelera y todo queda detrás. - ¿Estás enojada conmigo? – dice él, casi me había olvidado que estaba hablando por teléfono.
No, no es eso, no podrías entender, pienso.

- Un poco, pero dejá, ya vamos a hablar Patricio. Tengo que cortar. – miento. No alcanza a decir nada.

En casa pienso que no es mala idea llenar la bañadera y tirarme un rato. Así que abro las canillas y espero a que se llene. Me desnudo. Me quedo mirando mi cuerpo frente al espejo. No soy como quiero y eso me hace sentir enferma. Siento nauseas e intento vomitar en el inodoro, pero no sale nada. Cuando recupero la compostura miro ya al espejo empañado y hago un circulito en él.

Me miro de nuevo y me acerco. Esta vez no me veo tan repulsiva.

Abro la boca y apoyo mis labios sobre la imagen que se refleja.

Abro los ojos y veo como me beso a mi misma y me siento extraña.

Abro el botiquín y saco del aparatito del asma, que no uso desde hace cuatro años, cinco miligramos de Valium.

Me acuesto en la bañadera y mis ojos se van cerrando. Me imagino a Sofía desnuda. Pienso en el chico de la sinagoga, y por último en Patricio siendo violado por su compañero de facultad. Hasta que me duermo y sueño con cisnes.

sábado, mayo 16, 2009

Lo mejor de poder construir universos es también poder destruirlos

.

viernes, mayo 15, 2009

Problemáticas y egos

Los periodistas, rara vez nos leemos entre colegas.

Los escritores argentinos, no leemos a otros escritores argentinos.

Lo que está debajo de nuestra nariz, no tiene buen olor. 

Será porque algunos hablamos con el orto.

jueves, mayo 14, 2009

Ayer

Ayer fue uno de esos días en los que te das cuenta que la mayoría de las cosas que te preocupan a diario no valen la pena.

miércoles, mayo 13, 2009

9. Flashback N° 24.522

Estoy sentada en un bar en la esquina exacta de Alberdi y Emilio Mitre, frente a un local de Solo Empanadas. Creo que es Caballito esto.

Espero a “Mariano”, si es que así se llama. Me lo recomendó Lionel, el novio de Sofía, intima amiga de mi ex, Patricio, con el que curso algunas materias del último año de Química en la UBA. Ah, y además, Lionel es amigo de Manuel, mi hermano.

Casualidades de la vida. Estoy por recibirme y tengo posibilidades becas en posgrados. Pero no quiero atarme a este país. Merezco más.

Escucho en mi MP3 Player X-View de 2 gigas el nuevo disco de Miranda! que no me gusta nada, así que presiono next, hasta que la voz de Sergi se disuelve hasta quedar en el olvido.

El mozo, el cual es notoriamente gay, lleva una cruz de oro en el cuello y anillos en casi todos sus dedos. Me llama la atención uno de acero con el logo de Dolce Gabbana. Con tanto dinero no sé qué es lo que hace trabajando ahí.
- ¿Va a tomar algo más?
- Sí, un agua mineral, ¿Puede ser?
- Como no.

Conversación predeterminada. Me encantan, por ejemplo: ochenta por favor. Hasta Boyacá y Rivadavia. Sí, ahora te paso. No, soy la hija. No, mi hermano no está, volvió a la clínica.

Tengo varias. Soy toda una experta en clasificarlas.

Viene con el agua, una Villavicencio, dos minutos después. Mariano está demorado, y me deprime profundamente pensar que todavía no existe el hombre puntual en mi vida.

Cuando empiezo a pensar si irme o quedarme, él llega. Mide casi uno noventa, tiene el pelo rubio, ojos claros y está muy moreno para ser septiembre.

Debe ir a alguna cama solar. Es muy lindo y apenas lo veo acomodo mi cabello con las manos casi como un acto reflejo. Viene vestido con un saco Yves Saint Lorent muy elegante y debajo una camisa azul marino probablemente de Jean Paul Gaultier espectacular. Lleva unos jeans de un diseñador japonés que se llama Nigo impresionantes. Zapatos de hombre Gucci negros. Guau. Los gay sí saben vestirse. El camarero no deja de mirarlo.

- Diana. ¿No?
- Sí, presente. – me hago la simpática. Parece no entender mi humor. Tiene un acento raro.
- Soy Mariano, el amigo de Lionel.
- Sí, me di cuenta. – huele muy bien además de lucir encantador. No parece gay. Me pregunto si Lionel me habrá mentido para que no me acueste con él por algún motivo perturbador.
- Bueno, ¿Me invitas a sentarme contigo? – dice. Río tontamente y le digo que sí.

Estuvo hablando como diez minutos sobre sus viajes a Europa y Puerto Rico, donde nació. Sobre los clubes en Ibiza, Londres, Ámsterdam, Milán, Berlín, las capitales del mundo. Era excitante escucharlo hablar. Quiero eso para mí. Viajar por todas partes. Ser eterna.

Su celular, un flamante Motorota V3 dorado, sonó cuatro veces. No atendió ni una llamada.

- Como dicen los americanos, business are business Diana, me quedaría hablando toda la tarde y escuchándote escucharme las tonterías que tengo para decirte. – se ríe, lo acompaño, tiene unos dientes perfectos. – Vamos a lo nuestro.
- ¡Claro! – Me entristece pensar que seguramente piensa que soy una idiota.

La gente no nos mira. Por un momento estamos en una cápsula que nos aísla de todo. Una capsula mágica.

- Directamente desde el Viejo Continente, de tu madre patria. – Saca un pastillero oscuro, que más bien parece el rollo de una vieja cámara de fotos y lo pone sobre la mesa. - ¿Primera vez?
- No, no. – Busco en mi bolso, saco $350 y se los doy.
- ¿No vas a contar? – Pregunta.
- Ah, sí, bueno. – Destapo y casi se me caen todas las pastillas al suelo.

Que torpe soy, me odio por un momento. Hice como si contara, de repente no me importó nada, me quería ir.

- Allí tienes para divertirte un rato. – Me regala una sonrisa, se pone de pie, me besa la mejilla con suavidad y dice. – Fue un placer.
- Lo mismo digo. – Se va. Se fue. Pago lo mío y hago lo mismo, rumbo a mi casa a una cuadras de ahí.

Estoy en mi pieza con todas las luces apagadas. En mi nuevo equipo de audio Panasonic suena el último CD de DJ Tiesto. Ya probé la mierda de este puertorriqueño. Es muy buena. Lo siento. Me muevo en la cama, como si tuviera convulsiones y río sola al ritmo de la música. Mi risa se va volviendo una con el Trance.

Voy arrancándome la ropa, primero los pantalones, después la remera, me quedo en ropa interior. Doy saltos sobre la cama y miro mi reflejo en el espejo de al lado. Intento mirar fijo mis pupilas, no las encuentro. Mi ropa es negra. Molesta.

Ahora estoy desnuda sobre la alfombra y el disco se repite por tercera vez. Ya no me muevo tanto. Sigo excitada, tanto que intento masturbarme por primera vez en mi vida pensando en Mariano. Es bueno. Tanto tiempo perdido con la mayoría de los hombres que conocí. Golpean a mi puerta como hace media hora. Pero no importa. Nada importa si no encuentro lo que quiero.

Si no tengo lo que quiero.

Hay otra yo encerrada que quiere salir, y grita que la escuche. Por eso es todo esto. La callo por un tiempo. La mantengo en secreto, en silencio. Hablando con el vacío.